La oxigenoterapia hiperbárica (OHB) se utiliza cada vez más en la rehabilitación neurológica, pero las dudas y los malentendidos en torno a ella son igual de frecuentes. ¿En qué se diferencia de la inhalación de oxígeno ordinaria? ¿Para qué afecciones es adecuada? ¿Y cuándo es el mejor momento para empezar?

A partir de su práctica clínica, el médico jefe del servicio de oxigenoterapia hiperbárica del Hospital de Rehabilitación Jianjia de Nankín ha elaborado una síntesis sistemática y basada en la ciencia, desglosando los puntos clave en cuatro dimensiones. Lo que sigue es un repaso de lo más destacado de esa exposición; esperamos que le resulte útil.

Entender el oxígeno hiperbárico: no es lo mismo que el oxígeno ordinario

Mucha gente supone que la OHB es simplemente una «inhalación de oxígeno reforzado». En realidad, ambos funcionan de maneras completamente distintas.

Oxígeno ordinario (normobárico)

Al respirar oxígeno a 1 atmósfera, muy poco oxígeno se disuelve en el plasma sanguíneo; el transporte depende principalmente de la hemoglobina. En cuanto un vaso se obstruye, el oxígeno sencillamente no llega.

Oxígeno hiperbárico (HBOT)

Dentro de una cámara sellada presurizada a 2,0–2,2 atmósferas, el paciente respira oxígeno puro con mascarilla. El oxígeno disuelto en el plasma aumenta muchas veces y ya no depende de la hemoglobina: el oxígeno puede «presionarse» directamente hacia los tejidos isquémicos privados de oxígeno.

El mecanismo central

La OHB eleva bruscamente la presión parcial de oxígeno en el tejido cerebral (de unos 30–40 mmHg a presión normal a 150–250 mmHg), invirtiendo la hipoxia de la penumbra isquémica. Al mismo tiempo reduce el edema cerebral, favorece la reparación neural y mejora el aporte de oxígeno al sistema reticular activador ascendente del tronco encefálico en pacientes con alteraciones de la conciencia: un objetivo clave para el despertar.

Seis ideas erróneas frecuentes: ¿cuántas ha encontrado?

Estas son las seis ideas erróneas más frecuentes en la clínica — y la verdad que hay detrás de cada una.

Idea errónea n.º 1: la OHB es solo oxígeno de alto flujo.

La verdad: los mecanismos son completamente distintos. La hipoxia grave, la embolia gaseosa y la intoxicación por monóxido de carbono requieren OHB; el oxígeno con mascarilla sola se queda muy corto.

Idea errónea n.º 2: la OHB puede revivir células cerebrales muertas.

La verdad: las neuronas ya muertas no se pueden recuperar. La OHB solo rescata las células de la penumbra isquémica que están al borde de la muerte pero aún no perdidas.

Idea errónea n.º 3: tras una hemorragia cerebral hay que esperar a que todo esté completamente estable.

La verdad: el tratamiento puede iniciarse cuando no hay sangrado activo y el estado es estable: en general, alrededor de una semana después de la cirugía por traumatismo craneal, y unas dos semanas tras una hemorragia cerebral una vez que una tomografía de control no muestra sangrado reciente. Esperar demasiado desperdicia la ventana áurea de reparación de 3–6 meses.

Idea errónea n.º 4: la OHB es un remedio milagroso para despertar a los pacientes en coma.

La verdad: la OHB es solo un eslabón de la rehabilitación integral. Debe combinarse con medicación, neuromodulación (como la estimulación magnética transcraneal), estimulación sensorial y manejo de complicaciones. Usada sola, su efecto disminuye enormemente.

Idea errónea n.º 5: cuantas más sesiones y más largo el tratamiento, mayor la probabilidad de despertar.

La verdad: se recomienda una evaluación por etapas: en general, valorar tras 2–3 ciclos (40–60 sesiones). Si un tratamiento continuo a dosis completa no produce mejoría y las imágenes muestran necrosis cerebral extensa, el beneficio de continuar es muy bajo.

Idea errónea n.º 6: si la enfermedad dura más de 6 meses, la OHB ya no sirve de nada.

La verdad: en la mayoría de los pacientes la eficacia disminuye tras 6 meses, pero las diferencias individuales son grandes y algunos pacientes traumáticos aún pueden beneficiarse de un ciclo corto de prueba. Ni renunciar de forma generalizada ni tratar indefinidamente sin revisión es apropiado.

¿En qué afecciones puede ayudar y cómo se planifica el momento del tratamiento?

Las indicaciones son amplias e incluyen principalmente:

Indicaciones agudas

  • Intoxicación por monóxido de carbono
  • Enfermedad por descompresión y embolia gaseosa
  • Embolia de la arteria retiniana
  • Disfunción cerebral tras reanimación cardiopulmonar
  • Lesiones por aplastamiento y consolidación retardada de fracturas

Afecciones neurológicas

  • Infarto cerebral y aporte sanguíneo cerebral insuficiente
  • Traumatismo craneal
  • Estado vegetativo
  • Lesión de los nervios periféricos

Otras indicaciones

  • Pérdida súbita de audición
  • Complicaciones diabéticas

Contraindicaciones absolutas (nunca entrar en la cámara)

  • Neumotórax a tensión no tratado
  • Hemorragia intracraneal activa
  • Bullas pulmonares múltiples cuyo riesgo no se ha evaluado

Momento: el tratamiento puede iniciarse cuando los signos vitales son estables, no hay sangrado activo, la presión intracraneal está controlada, los parámetros del respirador son estables y no hay infección grave; no hace falta esperar meses.

Punto clave: la ventana áurea se sitúa dentro de los 6 meses desde el inicio. Tras 12 meses la eficacia de la OHB sola cae notablemente, aunque aún puede considerarse un ensayo individualizado.

El oxígeno hiperbárico es una parte indispensable del tratamiento integral de las lesiones del sistema nervioso central y de los trastornos de la conciencia — pero no es de ningún modo un «medicamento milagroso». Aprovechar la ventana, estandarizar el ciclo de tratamiento, combinar intervenciones y evaluar dinámicamente: ese es el camino científico.

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Cada persona es diferente. Este artículo tiene fines únicamente de educación sanitaria general y no sustituye el consejo médico. Si no se encuentra bien, acuda al hospital.